Juán Tallón: «Si me quitan la literatura, me lo quitan todo»

El escritor Juan Tallón, autor de Rewind, reflexiona sobre sus influencias y la importancia que han tenido todas sus lecturas en su carrera literaria 

Juan Tallón (Vilardevós, 1975) reformula cada respuesta una y otra vez. Se queda en silencio, pensativo, y sin parecer satisfecho, vuelve a explicarse. Recuerda a su forma de escribir: precisa y meditada. Pese a estudiar filosofía, ha dedicado su vida al periodismo y a la literatura. “Es lo más importante de mi vida”, reconoce. Al acecho de la política y los sucesos en su Galicia natal, dio el salto al mundo de la novela en 2007 con A autopsia da novela (Duen de Bux), escrita en gallego. Sus columnas en prensa son un compendio a la vez de anécdotas, reflexiones, humor y retazos de literatura. El pasado año publicó Rewind (Anagrama), todo un éxito para la crítica literaria, el cual le consagró como uno de los escritores más prometedores de las letras españolas. 

– Pese a estudiar filosofía, usted trabajó de periodista en su juventud, especialmente en la crónica política y el periodismo judicial y de sucesos, ¿cómo fue su experiencia? 

Mucho mejor que la de los últimos años. Fue un tiempo de un aprendizaje muy rápido, de muchas prisas, en los que acumulé experiencias de las que aún hoy saco provecho. Cuando dejaron de ser años de también diversión, empezaron a ser años de frustración y hartazgo. El periodismo me permitió pasar por todo tipo de estados emocionales. 

– Gabriel García Márquez, Manuel Vázquez Montalbán, Tom Wolfe o Truman Capote empezaron también sus carreras en un periódico… ¿cree que el periodismo sirvió para moldear al escritor que es hoy en día? 

Nada pasa en balde por la vida de uno. Y más si le dedicas tantas horas. El ejercicio del periodismo de crónica política y sucesos que hacía entonces te exigía un estilo directo que te obligaba a destilar. Había que contar las cosas en un espacio que siempre parecía menor del que necesitabas. Eso me obligó a renunciar, a cortar, a limpiar, dándole cierta necesidad de esencialidad a lo que escribía. 

– Contar lo imprescindible, una de las cosas más difíciles de hacer en la literatura… 

Hay gente que lo consigue desde el principio y otra a la que le lleva tiempo alcanzar esa conclusión. Cuando eres joven es inevitable el recargar los textos para reafirmar tu compromiso literario. Es como si al principio necesitases demostrar no solo que quieres ser escritor, sino que eres escritor. Y erróneamente piensas que ser escritor es hacerlo con un estilo recargado, barroco. Solo hay que escribir e intentar ser eficaz en tu escritura. 

– “Hay que leer a los rusos [Tolstoi, Chejov, Dostoyevski…]”, le decía siempre su padre. 

Aquella frase me martilleó en mi adolescencia. También la de “tienes que leer a Papini”. Pero nadie leía a Papini. Solo yo y mi padre. 

– ¿Han sido sus mayores influencias? 

El autor es su biblioteca: son sus lecturas y el orden en que se han ido produciendo y combinando unas con otras. No sé calibrar en qué medida unos escritores me han influido más que otros. Lo que soy se lo debo a todos ellos. Y también al hecho de haber sido capaz de liberarme más rápida o lentamente del peso y obsesión que he generado hacia ellos. 

– ¿Qué quiere decir? 

Lees a un autor, te fascina y durante un tiempo su sombra está sobre ti. De algún modo, consciente o no, lo imitas. Y después lo matas. Con el tiempo te vas alejando de ellos, te liberas, pero todos esos autores, la suma, la mezcla, han dejado una huella en ti. Quizá al alcanzar cierta edad es indetectable, pero está ahí. Y eso es lo que tú eres, todas esas huellas. 

– Parte de esas huellas están también en sus libretas, donde va recopilando citas de sus lecturas. ¿Releerlas todas ellas al cabo de un tiempo, no cree que es también una forma de leerse a sí mismo? 

Sí. Es un apunte autobiográfico. Aunque no trate sobre ti, habla de ti, de quién eres, de qué te llamó la atención y qué te hizo pensar. Y tampoco tiene por qué coincidir con lo que subrayaría o apuntaría otro lector con ese mismo libro. Lo que un lector es capaz de subrayar y recordar de un libro es el mapa de su lectura. 

– No tiene por qué coincidir con lo que subrayaría ningún otro lector… ni tampoco con lo que puede subrayar uno mismo en unos años. 

Por supuesto. Los libros te hablan, pero a veces los mismos libros te hablan de forma diferente cuando vuelves a ellos. ¿Qué ha pasado? ¿Ha cambiado el libro? No son entes aislados, los libros están en el tiempo. Aunque permanezcan inalterables, cambian, adquieren nuevas lecturas, sus sentidos se expanden… 

– Y también cambias tú… 

Claro. Cuando vuelves de nuevo a un libro y lo encuentras distinto no es solo porque el libro sea distinto, sino porque tú también eres distinto. Tienes otra mirada, tu mente se ha abierto a otras percepciones, quizá viejas percepciones han muerto… En algún sentido, aquel libro y tú sois otra vez perfectos desconocidos cuando volvéis a encontraros. 

– Hablando de reencuentros, ¿qué siente al volver a aquello que escribió de joven? 

Un profundo bochorno. De hecho, intento no volver, aunque alguna vez lo he hecho con el manuscrito de alguna de mis cuatros primeras novelas. He abierto la primera página y la he cerrado enseguida, como si acabase de leer que estoy muerto. Es una sensación de horror, me pregunto “¿por qué no los quemo?”, no tengo ya nada que ver con el escritor joven que los escribió, pero a la vez siento un profundo agradecimiento. 

– Por ello aún los conserva… 

No puedes hacer como si esos libros no te hubiesen ayudado a estar donde estás, a evolucionar como crees que lo has hecho. Estoy avergonzado, pero a la vez muy agradecido porque ahí empezó todo. Los aborrezco, pero los amo. Hay que tener memoria y ser gratos. 

– Por último, ¿qué le diría a alguien que quisiese ser escritor? 

Que lea mucho y abra los ojos, porque a veces no sabemos mirar. Que esté atento y se pregunte por qué pasan en las novelas las cosas que pasan. Que escriba y convierta la literatura en el asunto más importante de su vida. Yo tengo una pareja, unos padres y una hija, pero me gusta pensar, no proclamar, que la literatura es lo más importante de mi vida. Si me quitan la literatura, me lo quitan todo. Por eso no voy a permitir nunca que me quiten la literatura. Esa es la actitud que me ha traído hasta aquí. 


Publicado

en

,

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *